viernes, 5 de diciembre de 2014

Con el abismo abierto, ¿dónde puedes caer? ¿Dónde caen la alegría, la ceniza, la sed, la salvación que dices: escribir y estar vivo? ¿Dónde el hambre y qué hacer? Con el abismo cierto, ¿cómo buscar tu mano, sin nada que ofrecer? ¿Cómo darte la espalda? ¿Cómo escribir y qué? 
El abismo terrible como el día en que yo no lo salté, el destino terrible y paralelo, ¿y cómo huir de él? ¿Hay alguien a mi lado? ¿Hay alguien que me diga no esta vez? ¿Alguien que me asegure que el abismo se cierra, que yo no saltaré? Dónde esta vez la mano, el calor, la prudencia, el amor que me diga que ya no he de temer. Nunca, en ninguna parte: si estoy vivo y futuro y cuerdo y espantado de lo que pudo ser, lo estoy porque he saltado, porque ya no hay en qué pisar ni estar sentado: todo es sólo caer.